Siniestra del Aíre

Un día sin Mí.

A veces el día sale a caminar sin mí.
Me obvia y para que aprenda, correctivo,
me oculta el discurrir esquivo de los gorriones
entre el asfalto y la acera, o el reguero de móvil
grafito que dibujan una batahola de marciales
y silenciosas hormigas. Putas contradicciones.

La jornada se enrosca y desdeñosa,
cruel y soberbia, hace ver que no me necesita
para formar en los alcorques un colorista simulacro
de universo con planetoides naranjas verdes,
naranjas solares naranjas,
y otras meteóricas arrugadas y ocres
que al parecer llegaron antes de tiempo.
Si es que eso resulta posible en el anaranjado
universo de las caídas naranjas.

Para terminar de sojuzgarme te invita
a contemplar la tarde pintar de azul la pizarra
que crece entre los edificios, colgará luciérnagas
cual remedo de farolas y neones retorcidos
componiendo bellas palabras sin sentido.
Imagino entonces hallarme muerta mientras todo,

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